Música mexicana moderna y contemporánea

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[editar] Modernismo y nacionalismo postrevolucionario

El triunfo de la Revolución Mexicana en el año 1920 trajo consigo nuevos ímpetus que alimentaron el proyecto de construcción de la nación moderna difundido sobre todo por el pensamiento de José Vasconcelos. El nacionalismo post-revolucionario estético se dio como un mecanismo de interacción y sinergia entre diversas manifestaciones artísticas tales como la literatura, la pintura, el muralismo pictórico, la música y posteriormente la danza. Así, bajo el paradigma del modernismo, fue que el estado Mexicano post-revolucionario buscó edificar una idea de nación apoyado por la producción artística de los años veintes.

Por muchos años Carlos Chávez (1899-1978) fue el epítome musical del nacionalismo musical mexicano, y es quizá el compositor mexicano sobre cuya vida y obra más se ha escrito. Su papel determinante dentro de la institucionalización musical en México en el siglo XX tal vez sea una causa significativa de este interés. (Chávez fue el creador de la Orquesta Sinfónica de México, del Instituto Nacional de Bellas Artes, director del Conservatorio Nacional de Música, y hasta muy tarde en su vida, continuó a cargo de su influyente labor pedagógica a través de su taller de composición). No obstante, el estudio inicial de su música estuvo fincado en el paradigma nacionalista-indigenista del pensamiento Vasconcelista y por ende se pasó por alto la filiación vanguardista y neo-clasicista de parte de su obra. Actualmente, la producción musical de Chávez ha sido revisada por varios musicólogos quienes coinciden que, más que adoptar una única corriente, la obra de Chávez es una “panoplia de estilos” [1]

Pese a las dificultades que implica la categorización de la obra de cualquier compositor en una nomenclatura fija, esta labor se hace en aras del reconocimiento de la pluralidad estética en la obra total de un mismo autor. Así, entre la producción de Chávez considerada abiertamente mexicanista se reconocen las piezas: El fuego Nuevo (1921), Xochipilli- Macuilxóchitl, Los Cuatro Soles (1926), mientras que piezas como, Polígonos, Tambuco o Horse Power, han sido asociadas a la faceta “modernista” de una identidad que Chávez proyectaba ante ciertos círculos del “mainstream” musical de su época. En este mismo tenor, las piezas Exágonos, “36” y Energía pueden considerarse “vanguardistas” en tanto que implican una ruptura con la tradición. [2]

Un caso similar ha ocurrido en años recientes con la extraordinaria figura de Silvestre Revueltas (1899-1940) Por años concebido como un “genio atormentado”, el compositor duranguense entraña hoy día una particular atracción para los musicólogos, quienes intentan desmitificar el halo de misterio desatado por factores como su muerte a edad temprana o su bien conocido alcoholismo. Superados ya los recuentos anecdóticos, estudios musicológicos recientes han indagado sobre la filiación vanguardista de gran parte de su obra. Piezas como Troka, Batik, Esquinas, Ventanas, Ocho por radio, y la misma [Sensemayá] revelan el uso y dominio de las técnicas modernistas más progresistas a inicios del siglo XX [3] , mismas que fueran adquiridas tanto durante sus estancias profesionales en los Estados Unidos y España, como a partir del constante estudio que él mismo hiciera de sus contemporáneos. Polirritmia, distanciamiento de la [[armonía funcional], organización cuartal y modal, y un manejo de la gestualidad pletórico de ironía son algunas de ellas. Por otra parte, piezas como Cuauhnáhuac, Janitzio o La noche de los mayas, permiten comprender el papel relevante que este compositor también desempeñó dentro del nacionalismo musical de los años veintes.

El primer compositor mexicano que emprendió investigaciones dirigidas a la organización tonal y la división de la escala en intervalos más pequeños que el semitono, fue Julián Carrillo (1875-1965), que escribió numerosos tratados musicales y publicó su teoría con el nombre de Sonido 13. Para él, los sonidos se pueden dividir en mitades de semitono (cuartos), mitades de mitades de semitono (octavos), etc., pero también en cualquier otra fracción racional (sextos, novenos, treceavos, etc.), y por ello creó también sus propios instrumentos musicales (pianos y arpas, especialmente) y compuso un amplio repertorio. Asimismo, compuso obras microtonales para coro y cuatro óperas. Carrillo dio importancia a la promoción de música de compositores mexicanos como Manuel M. Ponce, Antonio Gomezanda y Juan León Mariscal. Fueron alumnos suyos de composición un grupo destadado de autores entre los que se debe mencionar a Julia Alonso, Sofía Cancino de Cuevas, José F. Vásquez o compositores que estuvieron cerca de él como Arnulfo Miramontes, Rafael J. Tello, Francisco Camacho Vega, Efraín Pérez Cámara. Todos ellos han sido relegados por la historiografía musical oficial que tan sólo reconoció la obra de los compositores nacionalistas.

También destaca el llamado «Grupo de los cuatro», formado por Blas Galindo (1910-93), quien utilizó temas tradicionales como los sones de mariachi y que dejó también un amplio catálogo de música politonal y atonal; José Pablo Moncayo (1912-58) quien utilizó sones tradicionales veracruzanos para crear una de las obras sinfónicas mexicanas más conocidas, 'Huapango' (1940); Salvador Contreras (1910-82), autor de música sinfónica y de cámara, tonal y después atonal, en un estilo más personal y desarrollado. Paulino Paredes (1913-1957) es conocido por su poema sinfónico Cañón Huasteca (1956), un ejemplo de tardío impresionismo descriptivo. Otros compositores de ésta época son Eduardo Hernández Moncada (1899-1995), Luis Sandi (1905-96) y [Miguel Bernal Jiménez](1910-56). Cabe indicar que esta corriente, al igual que otras ramas culturales del México pos-revolucionario, tuvo gran apoyo gubernamental, lo que opacó movimientos alternativos. El mismo fenómeno se dio en la pintura con el muralismo y en la literatura, con la novela revolucionaria.

[editar] Segunda mitad del siglo XX

Durante el periodo nacionalista post-revolucionario por “mexicanismo” se entendió la incorporación de elementos de la música autóctona, tales como timbres de instrumentos prehispánicos, melodías provenientes de las músicas tradicionales del país y una inclinación hacia el tema indianista. Así, el imaginario musical mexicano generado a partir de obras nacionalistas como Oxpanitzli y la Sinfonía Cora de Candelario Huízar, o la Sinfonía India,el ballet Caballos de Vapor, y el ballet Los Cuatro Soles de Carlos Chávez, Ferial de Manuel M. Ponce, Sones de Mariachi de Blas Galindo y el sobrevaluado Huapango de Pablo Moncayo determinaron el ideal de la estética musical nacional cuyos resabios postergaron hasta bien entrados los años cincuenta.

A partir de dicha década el gremio de creadores artísticos en México, incluidos los compositores, comenzaron a manifestarse en contra de seguir produciendo obra con referencias nacionales, tal como sucediera durante un periodo de poco más de treinta años. La pauta que marcaron tanto los creadores de décadas previas, como los organismos estatales en cuanto a los estilos y contenidos de las diferentes disciplinas artísticas fue, a partir de entonces, rechazada contundentemente por creadores en todas las áreas, incluyendo la composición musical que también se alejó del paradigma de la estética nacionalista.

En contraposición directa con dicha estética, a partir de los años sesentas las estrategias compositivas y los contenidos conceptuales de la música de este periodo se inclinaron más hacia la las estructuras sonoras que hacia su contenido referencial. Una vez más, el uso difundido de técnicas vanguardistas pudiera incluso ser entendido como el deseo de los mexicanos de inscribirse en la tradición musical modernista sin patronímico de por medio. En la década de los sesentas el grupo de Música Nueva de México, así como posteriormente el grupo de improvisación Quanta ejemplifican esta transformación conceptual. Entre los autores que mejor se reconocen de este periodo destacan, Mario Lavista, Héctor Quintanar, Jesús Villaseñor, Eduardo Mata y Manuel Enríquez. Durante los sesentas y tal vez hasta mediados de la década de los ochentas, la composición musical en México tuvo como uno de sus principales intereses el participar de los movimientos internacionales de vanguardia musical y para tal fin, concebían necesario el distanciamiento del referente mexicano.

La influencia de varios compositores extranjeros que se radicaron en el país después de la [II Guerra Mundial] fue también un factor determinante en este ímpetu vanguardista. Entre ellos figuran de manera prominente Rodolfo Halffter, de origen español, a quien se debe la formalización de la enseñanza de la música serial en el Conservatorio Nacional de Música; Conlon Nancarrow, de origen estadounidense, a quien se atribuye el desarrollo de la polirritmia y la polimétrica mediante el uso experimental de la pianola automática y el cual en realidad trabajó completamente aislado pero sobre todo ignorado por las autoridades culturales del país y por los compositores mexicanos relacionados directamente con éstas; y Gerhart Muench, de origen alemán, que ejerció mucha influencia entre los nuevos compositores mexicanos. Mario Lavista (1943) —cuya obra es conocida sobre todo en el ámbito de la música de concierto en México, Estados Unidos y España—, Francisco Núñez (1945), Graciela Agudelo (1945), Federico Ibarra (1946) y Daniel Catán (1949), son algunos de los compositores formados en ésta atmósfera.

Manuel Enríquez (1926-1994), fue un el compositor mexicano influyente entre los años 1960 y 1990, pues desarrolló modelos personales de escritura musical y creó un abundante repertorio para instrumentos de arco y percusiones, así como obras sinfónicas en que, por primera ocasión, el concepto de tono cede su lugar prominente a la textura y el timbre; en otras palabras, la elaboración de una gama de sonidos por vía del tratamiento instrumental y los mecanismos de producción del sonido.

Otros compositores destacados de este período son Joaquín Gutiérrez Heras (1927) —especialmente conocido por su música para cine—, Mario Kuri Aldana (1931), Leonardo Velázquez (1935), Manuel Jorge de Elías (1939) —que además de compositor y promotor de la música latinoamericana, destacó como director de orquesta— y Héctor Quintanar (1936), —discípulo de Chávez a quien se debió la continuidad del Taller de Composición del Conservatorio Nacional de Música y que inauguró el Laboratorio de Música Electrónica en ese plantel, en 1971 (ver más abajo: Música electrónica y electroacústica)— y Alicia Urreta (1931-1987)

[editar] Finales del siglo XX

Al estudiar el final del siglo veinte en México, como tal vez en el mundo entero, es difícil hablar de alguna corriente estética, o un estilo en particular, que pueda definir la música de un país. En el caso de México muchos compositores se adscribieron a las diversas manifestaciones y corrientes estéticas tanto nacionales como internacionales diseminadas por el mundo luego de la segunda mitad del siglo veinte. Así, modernismo, neo-nacionalismo, exotismo-mexicanista, tonalismo, atonalismo, posmodernismo, la música electroacústica y el arte sonoro son sólo categorías creadas a posteriori para tratar de agrupar todas las corrientes musicales que coexisten en el ámbito mexicano de la música académica.

Julio Estrada (1943-), hijo de inmigrantes españoles transterrados en México a raíz de la Guerra Civil Española, es profesor de tiempo completo en la Escuela Nacional de Música de la UNAM y en el Instituto de Investigaciones Estéticas de esa misma universidad. A Estrada se debe el desarrollo de técnicas de representación musical multidimensional y de formación de modelos de análisis y estructuración de alturas musicales, mediante herramientas tomadas de la teoría de conjuntos, tema de su libro Música y teoría de grupos finitos: 3 variables booleanas [UNAM, 1984], escrito en colaboración con el matemático Jorge Gil. Durante los últimos quince años Estrada se ha dedicado a los componentes evocativos del imaginario sonoro presente en la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo, con lo cual ha compuesto cuantiosas obras para instrumento solista (como las realizadas en colaboración con el contrabajista Stefano Scodanibio y con el violinista Irvine Arditti). La culminación de este experimento se constata con el estreno de su obra escénica Los murmullos del Páramo, en el año 2005.

El fin de la guerra fría a fines de los años ochentas, propició en el mundo entero el inicio de un proceso globalizador que aún hoy día sigue en marcha. De manera simultánea, el discurso multiculturalista vigente desde los años sesentas implicó al fin de siglo una atención acrecentada por las culturas del mundo “no-occidental”. De tal modo, durante la década de los ochentas y los noventas, un interés renacido por la identidad musical nacional dio lugar a composiciones que buscaron actualizar los referentes musicales de lo mexicano bajo formas, estilos y técnicas diversas. Entre algunas de estas obras se pueden referir Temazcal, (1983) de Javier Álvarez, la serie de Danzones de Arturo Márquez; las piezas Altar de Muertos y Baalkah, de Gabriela Ortiz, la Suite Huasteca y la Suite Tarasca de Jesús Echevarría, [Día de los muertos], de Eugenio Toussaint, Tzolkín de Salvador Torre, Funesta de Marcela Rodríguez (1951), Ozomatli (1982), El espíritu de la Tierra (1983), o Mitl (1985), todas ellas de Federico Álvarez del Toro (1953); Can Silim Tun de Hilda Paredes o la ópera El palacio imaginado, de la misma autora, son sólo algunas muestras de las muchas obras que incursionaron en una nueva construcción de lo mexicano desde la música de concierto.

Ya instaurada la era de la globalización y en pleno auge de la cultura cibernética, esta generación se caracteriza por que su desempeño profesional se encuentra plurilocalizado, tanto en México como, en los casos de mayor notoriedad, a nivel internacional. Muchos de estos compositores imparten cátedras y estrenan obras en diversas regiones del mundo, lo cual ha diversificado en mucho no sólo los estilos y técnica, sino también los mecanismos institucionales de financiamiento y de premiación de su producción musical.

La obra de Ana Lara (1959), abarca desde la música para instrumentos solistas, de cámara, sinfónica y coral hasta música coreográfica y teatral. a ella se debe la creación del «Festival Internacional de Música y Escena de la ciudad de México». Hilda Paredes —residente Británica desde hace ya más de dos décadas- también tiene un repertorio prolífico en música de cámara. Ha sido acreedora a la beca de la Fundación Guggenheim y a menudo participa en varios seminarios internacionales de composición.

Hebert Vázquez, ha sido uno de los principales impulsores de la nueva teoría musical desarrollada en México, sobre el espacio de alturas musicales, asimismo bajo el enfoque de la teoría de conjuntos. El mismo ha impartido seminarios de análisis musical en los principales planteles de enseñanza musical de la República Mexicana.

Javier Torres Maldonado ha sido profesor de composición y nuevas tecnologías en los conservatorios italianos «A. Vivaldi» (Alessandria) y «A. Bonporti» (Trento), así como director del Dynamis Ensamble de Milán. Actualmente desempeña una intensa e importante labor pedagógica como profesor titular de composición y nuevas tecnologías en el Conservatorio G. Verdi de Milán. Ha recibido en el extranjero buena parte de los más prestigiados reconocimientos internacionales en materia de composición musical gracias a diferentes obras en las que conviven un sólido oficio como compositor e interesantes concepciones sobre la manipulación de la velocidad temporal, la espacialización de las fuentes sonoras y las ilusiones acústicas. Toda su producción se encuentra publicada por las editoriales Suvini Zerboni (Milán) y Universal Edition (Viena).

Es también relevante el trabajo de Carlos Sánchez Gutiérrez, actualmente catedrático de composición en Eastman School of Music de Nueva York y acreedor a distinciones como Barlow, Guggenheim, Fulbright, Koussevitzky, Fromm, American Academy of Arts and Letters.

Ignacio Baca Lobera, enseña composición y teoría de la música en la ciudad de Querétaro, es un importante promotor de los movimientos de vanguardia. Su larga trayectoria y su obra ha sido también objeto de numerosas distinciones internacionales.

Samuel Zymann actualmente tiene a su cargo una cátedra de composición en la Julliard School of Music. Ha realizado numerosos conciertos para instrumentos solista y orquesta así como música original para películas.

Armando Luna Ponce —profesor de composición e instrumentación en el Conservatorio Nacional de Música— es autor de un catálogo que se distingue por un manejo experto del ensamble de cámara, casi siempre en un diálogo entre propuestas personales de interés colorístico y rítmico, basado en formas clásicas mexicanas antiguas, como la chacona, la zarabanda o el guateque, pero con una total reinterpretación de este material. Gabriela Ortiz (1964) —profesora de composición en la Escuela Nacional de Música de la UNAM— es autora de un amplio catálogo tanto de música orquestal como de cámara, así como de música para proyectos multidisciplinares. A menudo ha utilizado el video como elemento importante en sus creaciones. La video-ópera Únicamente la verdad, estrenada en Agosto de 2008 es una obra realizada en colaboración con su hermano y artista plástico Rubén Ortiz, en la que se aborda el tema de la mitología y el imaginario social en la región de la frontera México- Estados Unidos.

Víctor Rasgado (1956) y Juan Trigos (1965) destacaron a inicios de los años 1990 por su labor educativa, organizando en la ciudad de México los seminarios internacionales de composición con Franco Donatoni, siguieron más tarde su carrera por caminos distintos. El primero de ellos, luego de recibir premios como el del Concurso Internacional de Composición Alfredo Casella (1993) o el Internacional de la Ópera de Spoleto, por su ópera Anacleto Morones (1991), ha continuado una brillante trayectoria como enseñante en el Centro de Investigaciones y Estudios Musicales Tlamatinime (CIEM). Por su parte, Juan Trigos ha desarrollado una importante actividad musical lo mismo como compositor que como director de orquesta, con lo cual también ha dado impulso al trabajo de compositores de su misma generación.

Algunos otros compositores han desarrollado su obra sin necesariamente explorar los métodos de producción de las vanguardias musicales contemporáneas, dentro de una concepción académicamente tradicional de la forma musical. Entre algunos de ellos pueden mencionarse nombres como los de Georgina Derbéz, Eduardo Angulo, Leonardo Coral -autor de más de 90 obras que se han presentado en diferentes países, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte-, Gerardo Támez, María Granillo, Mariana Villanueva. Así mismo, algunos músicos ejecutantes han incursionado en la composición para sus instrumentos particulares, como ejemplo de ello se destacan Julio César Oliva, (guitarra), Salvador Torre (Flauta) y Alejandro Escuer (Flauta).

Entre los compositores de la última generación se encuentran Leticia CuenGabriel Pareyón —que ha escrito para instrumentos musicales autóctonos empleándolos bajo modelos matemáticos de algoritmos y series—, Mauricio Rodríguez —a quien se debe un trabajo de minuciosa representación musical, —, Juan Cristóbal Cerrillo —que ha sido seleccionado en diferentes certámenes internacionales de jóvenes compositores—, José Luis Hurtado —Doctor por la Universidad de Harvard, e Iván Ferrer Orozco - quien ha trabajado empleando modelos acústicos como fuente de inspiración, utilizándolos para deducir lo que ha denominado, estructuras autogenerativas.

Desde finales del siglo XX en México (y toda Latinoamérica) hay un creciente interés de los compositores por escribir ópera. Entre los compositores mexicanos de inicios del siglo XXI que sobresalen con sus óperas debe mencionarse a Federico Ibarra, Daniel Catán, Leandro Espinosa, Marcela Rodríguez, Víctor Rasgado, Javier Álvarez, Roberto Bañuelas, Luis Jaime Corez, Julio Estrada, Enrique González Medina, Manuel Henríquez Romero, Leopoldo Novoa, Hilda Paredes, Mario Stern, René Torres, Juan Trigos, Samuel Zyman, Mathias Hinke,Ricardo Zohn-Muldoon, Isaac Bañuelos, Gabriel de Dios Figueroa, Enrique González-Medina, José Carlos Ibáñez Olvera Víctor Mendoza y Emmanuel Vázquez. La difusión de la ópera mexicana es casi nula por varias razones. De ellas sobresalen dos. Durante el periodo inmediato a la guerra civil mal llamada Revolución Mexicana, los gobiernos del poder de la llamada Dictadura Perfecta, en su mayoría de muy bajo nivel educativo y, aún, analfabetas, mandaron destruir los teatros de ópera existentes en la Ciudad de México. El segundo factor para la poca difusión de la cultura mexicana operística es que las autoridades correspondientes no programan las obras. Aún después del término de la Dictadura Perfecta y la restauración de la Democracia en México, las autoridades culturales no se han preocupado de enmendar esta política de desconocimiento de la cultura mexicana operística. Finalmente, la falta de un teatro de ópera exclusivo para la difusión de la cultura operística mexicana (y latinoamericana) es una gran falla y falta en México.

[editar] Música electrónica y electroacústica

La música electroacústica en México se remonta a la década de los sesentas con el interés en la música electrónica y concreta de compositores como Carlos Jiménez Mabarak, Manuel Enríquez, Manuel de Elías y Alicia Urreta. Sin embargo es hasta finales de los años sesenta cuando el ingeniero Raúl Pavón y el compositor Héctor Quintanar crearon el primer laboratorio de música electrónica en México en el Conservatorio Nacional de Música.

El joven ingeniero electrónico y compositor Antonio Russek crea el primer laboratorio privado de producción y difusión de música electrónica en su domicilio (1975), y posteriormente en la década de los ochentas se funda por su iniciativa, el Centro Independiente de Investigación Musical y Multimedia, laboratorio en el que se impartieron cursos, y se produjeron obras de varios compositores como Eduardo Soto Millán y Semir Menaceri. En la primera generación de compositores que recibieron una formación académica en el campo de la música por computadora pueden ser mencionados Javier Álvarez, (cuya pieza Temazcal (1984), para maracas y sonidos electroacústicos, es considerada como una obra sugestiva del género), Manuel Rocha Iturbide, Antonio Fernández Ros, Guillermo Galindo, Vicente Rojo Cama. Javier Torres Maldonado ha incursionado en este campo con obras en las cuáles la percepción de la velocidad temporal de los eventos sonoros se encuentra estrechamente ligada a la espacialización —natural y artificial— del sonido, Carlos Sandoval, quien trabajó por varios años como asistente de Conlon Nancarrow.

Otros jóvenes compositores cuya producción está siendo actualmente bien recibida en la escena musical internacional son Victor Romero, Israel Martínez, Juan Sebastián Lach, Andrés Solís, Rodrigo Sigal, Rogelio Sosa, Héctor Bravo Benard, Felipe Pérez-Santiago, Alejandro Casales, José Mondragón, Sergio Luque, Hugo Solís.

Actualmente las instituciones en enseñanza de las técnicas propias de la música electroacústica han ganado considerable terreno en el ámbito musical en México. La fundación de espacios como el Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras (CMMAS), el Laboratorio de Informática musical y Música Electroacústica (LIMME) en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, o el Centro Multimedia del Centro Nacional de las Artes (CENART) dan cuenta de ello. Así mismo, los festivales dedicados a ésta manifestación son cada vez más abundantes.

[editar] Foros y festivales musicales en México.

En México se llevan a cabo diversos festivales en los que se puede escuchar música mexicana tanto de antaño como de reciente composición. Muchos de ellos son festivales estatales que se desarrollan en los diferentes territorios nacionales. A continuación se enlistan algunos de los festivales de mayor difusión.


Artes en general.

  • Festival Internacional Cervantino. Es un festival en el que convergen diferentes disciplinas artísticas y en dónde se fomenta la producción y difusión artística. Se realiza de manera anual en el mes de Octubre en el estado de Guanajuato.
  • Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México.' También de carácter general, este festival se realiza en el centro histórico de la Ciudad de México durante el mes de marzo y frecuentemente incluye recitales y conciertos de compositores mexicanos.
  • México en Escena. Festival anual celebrado en la Ciudad de México; en éste convergen las artes escénicas y la música.


Festivales musicales

  • Foro de Música Nueva Manuel Enríquez Organizado por la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes. Promueve la presentación de música mexicana de los siglos XX y XXI y se realiza de manera anual en sedes diversas.
  • Festival Instrumenta Verano. Realizado anualmente en la ciudad de Oaxaca, este festival tiene por fin promover la especialización de jóvenes músicos instrumentistas mediante la realización de talleres y clases magistrales con profesores invitados.

Festivales de Música electroacústica y Arte sonoro

  • 'Radar Realizado de manera paralela al Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México, su principal objetivo es la difusión de la tradición de la música concreta, electrónica, electroacústica, el arte sonoros y otras manifestaciones ligadas a la tecnología musical. Regularmente tiene lugar en el mes de Abril
  • Visiones Sonoras. Festival de música electroacústica y arte sonoro. Se realiza anualmente bajo el auspicio del CNCA, y es organizado por el Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras CEMMAS.
  • [[Festival Internacional de Artes Electrónicas y Video Transitio_mx 02] Realizado bienalmente. Busca la interacción entre las diversas disciplinas artísticas y las tecnologías de vanguardia.


Bibliografía y Referencias

  • Azuela de la Cueva, Alicia. Arte y Poder. México: El Colegio de Michoacán - Fondo de Cultura Económica, 2005.
  • Bacqueiro, Gerónimo. Historia de la Música en México. México: Secretaría de Educación Pública-[[Instituto Nacional de Bellas Artes] 1964.
  • Contreras, Guillermo: Silvestre Revueltas: Genio Atormentado. México: Manuel Casas 1954.
  • Kolb, Roberto. El Vanguardismo de Silvestre Revueltas: Una perspectiva semiótica, Tesis Doctoral, México: Instituto de Investigaciones estéticas -UNAM, 2007.
  • Madrid, Alejandro. Los sonidos de la Nación moderna: Música, cultura e Ideas en el México post-revolucionario, 1920-1930. La Habana: Casa de las Américas, 2008.
  • Miranda, Ricardo. Ecos, Alientos Y Sonidos: Ensayos Sobre Música Mexicana. 1. ed. Xalapa, Ver. México: Universidad Veracruzana; Fondo de Cultura Económica, 2001.
  • Miranda, Ricardo. El Sonido de lo Propio : José Rolón (1876-1945)México: CENIDIM, 1993.
  • Moreno Rivas, Yolanda. La composición en México en el siglo XX, en Cultura Contemporánea De México. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1994.
  • Rostros del nacionalismo en la música mexicana : un ensayo de interpretación. México: Fondo de Cultura Económica, 1989.
  • Parker, Robert. Carlos Chávez: El Orfeo contemporáneo de México. México: CONACULTA, 2002.
  • Carlos Chávez: una panoplia de estilos, en Yael Bitrán y Ricardo Miranda [eds.]:Diálogo de resplandores: Carlos Chávez y Silvestre Revueltas. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2002: 118-124.
  • Saavedra, Leonora. “Chávez y Revueltas: La Construcción de unaIdentidad Nacional y Moderna”, en Roberto Kolb y José Wolffer (eds.): Silvestre Revueltas: Sonidos en Rebelión. México: Escuela Nacional de Música- UNAM, 2007.
  • «Historia de la música electroacústica en México» por Manuel Rocha Iturbide.
  • Of selves and others: Historiography, Ideology and the Politics of Modern Mexican Music, Doctoral dissertation, Universidad de Pittsburgh, 2001.

[editar] Notas

  1. Parker, 2002.
  2. Madrid, 2008.
  3. Kolb, 2007; Saavedra, 2001.


[editar] Enlaces externos

Artículos sobre la música de México y páginas internet de compositores mexicanos.

Ensambles de música y músicos mexicanos.


'Ejecutantes mexicanos especializados en música contemporánea

Grabaciones de Música Mexicana (Casas discográficas)

[editar] Véase también

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